Written by admin on August 20, 2009 – 10:26 pm
Hacía tres días que habían traído una computadora de escritorio para reparar. Me sorprendió ver una foto muy sexy de una figura masculina de espaldas como fondo de escritorio. No parecía ser una imagen tomada por un profesional, sino que algo casero. Mis ojos no podían dejar de mirar ese trasero redondo, digno de uno de los mejores actores de películas porno gays, esas que tanto me gustan y que suelo coleccionar.
Traté de no darle importancia, e hice mi trabajo, encontrando fácilmente el inconveniente y reparándolo. Pero no resistí la tentación de hurgar entre los archivos del propietario, buscando más fotos que despertaran mis pensamientos porno gays.
Al fin encontré la sesión completa. Me quedé boquiabierto de ver a Tomás (según los nombres de las fotos) completamente expuesto. Tenía alrededor de 18 años y tranquilamente, por sus dotes, podía ser protagonista de mis producciones de porno gays privadas. Cometí un pequeño delito: las copié a mi ordenador para deleitarme cuando pudiera con esas imágenes.
Si bien pensé que todo terminaría ahí, por la tarde, me tocó ir a llevar la computadora de vuelta a casa del cliente. Mi imaginación volvió a generar una de las escenas porno gays que mi cuerpo tenía ganas de concretar con Tomás.
Al llegar, él me abrió y me recibió con una sonrisa. En ese instante sentí que se movía todo, mi corazón se aceleraba como queriendo delatarme, tratando de contarle las situaciones porno gays que se me cruzaban, intentando confesarle el deseo que sentía por él.
Me despedí sin hacer nada. Tal vez lo logre cuando Tomás lea el archivo donde me confieso, que intencionalmente guardé en su ordenador, junto con sus fotos.