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Uniformado musculoso. Segunda parte.
Después de recibirme con ese atuendo tan informal que me puso absolutamente caliente, invocando mis mejores fantasías porno gays, Pedro me hizo pasar y nos tomamos unas cervezas, tal como había prometido.
Su cuerpo era mejor que el de un adonis. Cada centímetro de su cuerpo estaba recorrido por músculos y venas que me hacían excitar de sobremanera. Tenía que tocarlo.
Empecé por preguntarle sobre su trabajo en el gimnasio, lo que me recordó a otra de mis aventuras porno gays que experimenté. Él relató su rutina y luego me preguntó si quería tocar cuales eran los resultados de las horas que pasaba allí dentro. Claro, no me negué.
Comencé por tocar sus brazos, duros como una piedra, al igual que mi miembro en ese momento. Cuando puse mis manos en su pecho, él lanzó un gemido casi imperceptible y se lanzó hacia mí comiéndome la boca. Era real, mi deseo porno gays cobraba vida.
Me senté sobre sus piernas abiertas y lo seguí besando. Podía sentir el tamaño y dureza de su pene contra mi cuerpo. Nos desvestimos y empezó a hacerme sexo oral.
Ni en las mejores películas porno gays se veía sexo de tal magnitud. Pedro sabía lo que hacía y su movimiento de lengua demostraba años de experiencia. Me hizo acabar en su boca. Ahora era mi turno.
Me condujo a su habitación y mi trabajo bucal, también con conocimientos de años, hizo estremecer su cuerpo. Luego me puso de espaldas y junto con muchas caricias y besos me abrazó con sus fuertes brazos y me penetró. Por un par de horas fuimos uno. Yo cumplí una de mis fantasías porno gays y él quedó más que satisfecho. Desde entonces, no dejamos de vernos y de sentirnos nunca más.



