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Un viejo amor

Hacía mucho que Luís no sabía nada de Julián. Por lo menos, un año. Se sorprendió cuando recibió su mensaje anunciando su vuelta a la ciudad. Le trajo en seguida muchos recuerdos, entre ellos las fantasías porno gays que habían cumplido, pero también recordó las que le quedaban por cumplir, y no iba a desaprovechar la oportunidad.

Desde la escuela compartieron muchas cosas: aventuras, borracheras y mujeres, hasta que una noche, casi sin querer Julián se abalanzó sobre Luís y lo besó. Según le confesó más tarde, quería ver que se sentía tocar y acariciar a un hombre, tal como lo hacían en películas porno gays. Desde entonces, ambos se escapaban a las afueras de la ciudad a darse sus buenas sesiones sexuales.

La llegada de Julián impacientaba mucho a Luís. Trató de recordar la última noticia que había tenido de él, y recordó que en uno de los últimos mails que le había mandado desde el exterior se relamía relatando experiencias sexuales que había tenido con un par de actores porno gays que eran pareja.

Al fin llegó el día: el timbre de la casa de Luís sonó y cuando abrió la puerta se encontró con el hombre con el que soñó toda vez que tuvo esos sueños porno gays que tanto le gustaban. Se abrazaron profundamente y sin mediar palabra se besaron. Ambos parecían estar en las nubes, sin importarles nada más.

Después de un café y de haber desempacado sus cosas, Julián quiso darse una ducha… eso sí, junto con su amigo del alma. Juntos repitieron momentos porno gays de la adolescencia, cuando la pasión por el cuerpo del otro desbordaba.

Lo que Luís todavía no sabía, es que Julián había vuelto para quedarse a vivir junto a él.